En una acción administrativa por la recuperación del espacio público, la ciudad esconde los retratos de sus vendedores. Aunque la ciudad permanezca entre las ciudades con mayor indice de desempleo con el 13,5% según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el gobierno local mantiene los operativos para evitar el comercio informal sobre la zona céntrica de Popayán.
Desde hace varios años los habitantes de Popayán han sido testigos de una disputa entre las diferentes administraciones y los vendedores ambulantes. “los del chaleco azul son los del espacio público, los que contrata la alcaldía para que nos roben la mercancía, porque eso es robo… eso no es quitar, eso es robar”, afirmó con indignación Erminda Camacho Meneses una de las tantas vendedoras informales del centro de la ciudad.

Después de que la administración municipal encabezada por el alcalde Francisco Fuentes expidiera el decreto 3425, mediante el cual se ordenaba "la recuperación de una zona correspondiente a espacio público" es común ver por estos días en Popayán disputas entre “los de chaleco azul” y los vendedores informales. Un círculo policial y una señora, o un señor, peleando por una mercancía que en medio del forcejeo, si no termina sobre el pavimento, es retirada en un camión oficial. Ante esto, se escuchan comentarios de desaprobación y la indignación de la gente no se hace esperar, “¡partida de ladrones!”, “¡dejen trabajar!” se escucha por lo general en este tipo de desalojos.
Los policías prácticamente son los que les cuidan el rabo a los del chaleco azul”. Erminda es desplazada, como muchos de los vendedores ambulantes que llegan a la ciudad huyendo de la violencia para buscar un mejor futuro.
Quien hubiera podido acertar en decir que en la vida su destino era el de ser desplazada de todos los lugares.
Andrés Córdoba quien busca un trabajo estable, pues desde hace 14 años trabaja como vendedor ambulante, no está en desacuerdo con la acción de la policía y es consciente de su trabajo, pero aclara que “Él alcalde debería pensar en que nosotros también necesitamos trabajar, ya que no tenemos un trabajo fijo, porque no nos dan la oportunidad, por eso estamos rebuscándonos acá fuera”.
Un par de policías le solicitaban a Andrés que se corriera. En realidad no solo lo movían a él, fue una situación repetitiva, ya que los policías daban su vuelta y corrían a los demás vendedores ambulantes; pasados unos minutos, los vendedores volvian a sus lugares y la historia comenzaba de nuevo.
Erminda asegura que por estos días “los del espacio público” no han firmado contrato, por eso pueden trabajar más tranquilamente, pero siempre están en alerta de un posible desalojo. “Nosotros hemos querido hablar con el alcalde, cuando saben que somos los vendedores informales, ahí mismo mandan a cerrar la alcaldía, no quieren ni vernos, ni oírnos” expone Erminda con algo de ironía.
Martha Sarrias vendedora ambulante de frutas, asevera que perdió 300.000 mil pesos en diciembre “Nosotros aquí hemos tenido hartos atropellos, no solamente una vez, ni dos, ya no me acuerdo, se me borró la cuenta” declaró la vendedora.
Un día pasó un trabajador del espacio público y en un momento de descuido se le llevó la canasta donde tenía su mercancía. “Yo creí que estaba jugando, entonces yo le dije: hágame el favor y me la pasa, y me respondió: no, esto ya le queda decomisado”. Según la vendedora, el empleado de la alcaldía iba solo, por lo tanto, intentó recuperar la canasta, pero en el forcejeo todo se estropeó. “Luego fui y saqué otra canasta de frutas y como él había ido a la alcaldía a que me mandaran dos camionados de policía… yo salí a correr hasta allá atrás del Ulloa, cincuenta policías pa’ mí sola, qué no me hicieron”.
Esto no es caso de un solo día, en la mañana siguiente un policía corría a una vendedora de limonadas, en la carrera quinta llegando al parque un policía corría a una vendedora de medias; en la mañana del miércoles un grupo de empleados de espacio público corría a un vendedor de “leggins” que se estaba al frente del éxito, y al finalizar el día un policía le decía a un vendedor de películas que se moviera de ese lugar.
“¡Aprovechados!” “No están robando” “A los ladrones si no los cogen” “Todo el mundo tiene derecho a trabajar” son las palabras de los transeúntes que se encuentran con estos incidentes. La ciudadanía está indignada, aunque la escena es habitual, la gente aún no está acostumbrada. Se percibe en sus voces disfrazadas desde la multitud una sensación, miedo e inseguridad.






No hay comentarios:
Publicar un comentario